Seguramente el Papa es argentino, probablemente Dios es brasileño, pero el paraíso es ecuatoriano.
En Ecuador ya no manda el capital financiero, la burocracia internacional ni las oligarquías, aquí manda el pueblo ecuatoriano.
La insultante opulencia en América Latina junto a una intolerable pobreza son balas cotidianas en contra de la dignidad humana.
No han podido ni podrán con nuestra integridad. No pudieron contra la de Néstor Kirchner, con la de Hugo Chávez.
No podrán con la de Cristina Fernández.
La Patria grande no es solo un ideal de nuestros libertadores es una necesidad de supervivencia, un escudo contra la explotación.
Asambleístas, el mayor favor que les podemos hacer
a los adversarios de la revolución es centrarnos
en lo poco que nos divide.
Odiamos tanto al sistema de derechos humanos que buscamos que todos lo ratifiquen, si no lo hacen, no seremos tontos útiles de nadie.
Estoy convencido de que la prensa libre es vital
para la democracia, pero igualmente convencido
de que la mala prensa es mortal para ella.
El orden mundial no solo es injusto, es inmoral
y se quiere defender las más aberrantes irracionalidades
en nombre del capital.
Las pocas veces que he querido desistir de esta lucha no ha sido por los aciertos del enemigo, sino por la
inconsecuencia de los amigos.
Tenemos un país mucho mejor de aquel que recibimos, pero todavía muy lejano de aquel que deseamos.